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SHIRANU

ENYU 

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SHIRANU: No sabiendo
 

Acercarme a la práctica de meditación Zen no fue cosa sencilla. Sentarme frente a una pared y observarme a mí misma fue intimidante y doloroso desde lo físico hasta lo emocional, pero sin duda me cautivó tocando y sacando mis fibras más sensibles, mis pensamientos y emociones más escondidos para poder trabajarlos. Por ello no me tomó mucho tiempo comprometerme con la práctica a un nivel más profundo haciendo el Jukai. 

 

Para mí, el nombre Dharma es un koan en sí mismo ya que revela las virtudes o la luz que vive en nosotros, pero también esas creencias que se esconden en nuestra parte obscura; esas ideas que limitan nuestro fluir.

 

Muchas experiencias en mi vida se han basado en el conocimiento; del querer entender racionalmente; del saber de más; hacer de más; de la auto-exigencia; de buscar mi propio valor afuera.

 

SHIRANU: no sabiendo,  me ayuda a recordar que todo el conocimiento está dentro de mí para ser observado, no con los ojos de la mente egocéntrica, sino con la sabiduría, la nobleza, la humildad y la pureza del corazón. Me ayuda a soltar la lógica y la razón, creyendo y confiando en la práctica, y por ende en mí misma.  

ENYU: armonía perfecta entre las diferencias

 

Hacer el Jukai significó celebrar un compromiso que meses antes se fue construyendo con mi maestra –Sensei Hosso-, a través  de la meditación y con la comunidad de la que soy parte. El compromiso se originó en respuesta a mi exhaustiva búsqueda de aliviar el sufrimiento que en mi propia mente yo estaba creando, con fuertes críticas hacia mis maestros y familiares, un gran sentimiento de culpa sin tener claro como asumir mi responsabilidad ante lo que la vida me cuestionaba. 

 

A través de mi nombre Dhárma, siento que mi maestra me anima a no reaccionar ante las diferencias que observo en las personas, por sus características físicas, por sus habilidades o por sus defectos,  a aceptar, evitando rechazar y también evitando competir. Con mi nombre trabajo también en armonizar con mis propias diferencias, virtudes y defectos, aciertos y errores, evitando juzgarme, culparme o avergonzarme; así como también calmando a mi ego cuando siento la intención de poner mis cualidades por encima de las de otras personas. 

 

Mi práctica me enseña a respirar en armonía con todo lo que soy.